Música en la edad media

Durante la Edad Media, la música se interpretaba básicamente de manera oral y memorísticamente, es decir, transmitiendo el conocimiento de maestro a discípulo. El auge que tuvo el cristianismo, al ser instituido como religión del Imperio en el siglo IV (a.d). y tras la posterior caída del Imperio Romano, consolidó la tradición litúrgica monódica, es decir inalterado y gradual estructurado por conjuntos tonales.

El otro salto significativo en la historia musical, vendría con Guido D´Arezzo, (991-1070 a.d) quien desarrolló una notación musical basándose en la notación neumática (técnica de empirismo interpretativo, donde cada nota era ejecutada arbitrariamente por el músico de acuerdo a las figuras llamadas pneumas sin norma o patrón definido). D´Arezzo usó las iníciales del himno a Juan Bautista para identificar los distintos tonos que indicarían al interprete donde y de qué forma había de ejecutar la música.

El himno en cuestión era el siguiente:

Ut queant laxis, (para que puedan)

Resonare fibris, (cantar con su voz)

Mira gestorum, (tus maravillosas hazañas)

Famuli tuorum, (estos siervos tuyos)

So ve polluti, (salva la mancha)

Labii reatum, (reato de nuestros labios)

Sancte Ioannes.(santo apóstol Juan)

Cada una de las letras iníciales del himno, simbolizaría la tónica o nota para ejecutarse.



Himno a San Juan Bautista



D´Arezzo sentaría las bases de la notación musical moderna, indicando al músico la altura, el modo y la intensidad de la nota. Tiempo después se nombraría a esta reforma del monje como solfeo. Este avance en la ejecución derivó en cambios considerables en lo referente a ritmo y estilo, siendo principalmente conocidas en el siglo XIV dos escuelas musicales: Ars nova y Ars antiqua.

El Ars nova fundada por Phillipe de Vitry (siglo XIII) , permitía cierta autonomía rítmica al músico, pudiendo agregar hasta dos notas otorgando cierta libertad rítmica; así mismo, el ejecutor podía alargar la nota, dando un efecto de longitud y magnificencia a su interpretación y su estilo. Este fue uno de los periodos de mayor esplendor en la polifonía medieval. Algunos de los exponentes de este estilo fueron: Guillaume de Machault (1300-1377).

Guillaume de Machault (Ars nova):



Por el contrario en el Ars antiqua, se mostraba mayor moderación en los cambios rítmicos y tonales. Dentro de este grupo conocido particularmente como Escuela de Notre Dame, pues fue a finales del siglo XII mientras se construía la catedral ―un periodo en que Francia pasaba por una época de esplendor―, cuando surge un grupo de compositores que se apegan a los cánones opuestos al del Ars Nova, entre los que destacan distintas técnicas de composición:

Organum: donde a una estructura melodica conocida como cantus firmus, le es agregada otra en un tono superior de un intervalo de cuarta o de quinta, llamada vox organalis

Discantus: consistente en un par de voces que se oponen ascendente o descendentemente.

Conductus: nacida de la escuela de Notre Dame, donde una voz no gregoriana (es decir no indicada en la partitura) tiene libertad tonal.

Motete: son dos voces contrapuestas con distinto texto y  tonalidad, lo que da vivacidad a la  composición.

Canon: voz que se repite sucesivamente en distintos tiempos, por otro instrumento o voz.

Dentro de  sus compositores más célebres está Leonin (1135-1201) monje y teórico diestro en la técnica del organum polifonicum. Perotin (116-1220) conocido también como “el grande”, fue exégeta de Perotin y fue el músico encargado de ejecutar oficios religiosos en Notre Dame, donde reposan varios manuscritos suyos.

Perotin (Ars antiqua):



Durante el tránsito del Medioevo al Renacimiento, el canto litúrgico prevaleció en dos etapas: gótico y el románico. Los géneros principales fueron el canto gregoriano, la polifonía y la música profana o secular. El canto gregoriano era exclusivamente destinado para la liturgia. El estilo de ejecución era el canto monódico acompañado por un canto llano, voz recitante que cantaba los pasajes de la escritura en los interludios del oficio. Recibe el nombre de canto gregoriano por ser el papa Gregorio Magno, quien recopilara el mayor repertorio litúrgico conocido del periodo. Era un canto silábico, es decir, que se cantaba el texto sobre cada sílaba; se interpretaba a capella, sin acompañamiento de ningún tipo, en lengua latina ―la oficial de la iglesia católica― y por un coro de voces estrictamente masculinas.

Canto gregoriano: "Hymnus Veni sanctus Spiritus": 


El canto secular, con muchas más libertades interpretativas, fue adquiriendo cada vez mayor complejidad. Dentro de la conocida como monodia profana, existían dos tipos de clasificaciones mester de juglaría y mester de clerecía: el trovador y el juglar. El primero tenía un estatus social mucho más importante que la de los juglares. Eran caballeros de amplia cultura que hacían del ideal caballeresco su filosofía. Sus temas oscilaban desde gestas a odas triunfales o fúnebres. Ejecutaban variedades rítmicas como la ballade o el rondeau. Su influencia era evidente sobre todo en el sur de Francia. Por su parte los juglares, eran parte de la cultura popular del Medioevo. Andaban de plaza en plaza divirtiendo al auditorio con poemas sencillos acompañándose generalmente del laúd, flauta, salterio o tambor etc.

"Trobadours" (trovadores):




En la Edad Media fue figura prominente dentro del género trovadoresco Alfonso X el Sabio. Poeta y músico, reunió en su corte trovadores y pensadores de distintas procedencias de Europa. Alfonso X, compila una serie de cantos a la Madre de Dios, que da a conocer bajo el nombre de Cantigas, que exaltan por medio de la música y la lengua gallega, el misterio teológico representado en la figura piadosa de la Virgen María.

Cántigas de Alfonso X El Sabio:








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