Chistes de había una vez ...

Chistes de había una vez ...
Había un niño tan feo, tan feo,
que para darse ánimos le preguntaba al teléfono:
-¿Quién es el niño más guapo?
Y el teléfono sonaba:
Tu tu tu tu tu tu tu tu tu...

Había una vez un jugador de fútbol tan tan malo,
que metió un gol y en la repetición falló.

Había una vez un hombre tan vago, tan vago,
que cada vez se levantaba más temprano para estar más tiempo sin hacer nada.

Había un hombre tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño,
que pasó por delante de una pastelería, se le hizo la boca agua, y se ahogó.

Había una vez un hombre tan torpe, tan torpe,
que hasta se tropezaba con su sombra.

Había una vez un hombre tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño,
que soñaba que tomaba un café y se despertó para no pagarlo.
Había una vez un hombre tan bajo, tan bajo, tan bajo,
que se subió a una canica y dijo “el mundo es mío”.

Había un hombre tan, tan tan flaco,
que no tenía ni dedo gordo.

Había una señora tan gorda, tan gorda, tan gorda
que cuando salía en la televisión, salía en todos los canales...

Había una vez un cocinero tan feo, tan feo, tan feo,
que un día hizo llorar a unas cebollas.

Había una vez un señor tan, tan feo, tan feo,
que un día chupó un limón, y el limón hizo gestos.

Había un niño tan bestia, tan bestia,
que cuando la profesora borraba los apuntes de la pizarra,
él los borraba del cuaderno.

Había una vez un tipo tan tacaño, tan tacaño,
que un día iba con su novia paseando y pasa por delante de un horno, y su novia dice:
-¡Mmmm! ¡Qué bien huele!
Y el novio le dice:
-¿Quieres que pasemos otra vez?

Había una vez un hombre tan alto, tan alto
que se comió un yogur y cuando llegó a su estómago ya estaba caducado...

Había una vez una persona tan fea, pero tan fea
que cuando fue a hacerse una foto
el fotomatón le dijo:
-Porfavor quítese la mascara...

Había un hombre tan, pero tan tan tan,
que se volvió campana.

Había un chiste tan malo, tan malo, tan malo, tan malo,

que pegaba a los chistes pequeños.
Había una vez una cerilla,
que se rascó la cabeza y se encendió.

Había un hombre tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño,
que para bajar las escaleras necesitaba un paracaídas.

Había un señor tan miedoso, tan miedoso...
que llamaba a los bomberos para apagar la estufa.

Había un hombre tan tonto, tan tonto,
que vendió el coche para comprar gasolina.

Había una vez un hombre tan bajito, tan bajito
que se encontró una canica y dijo: ¡¡el mundo es mío!!
Había una vez
y ya son dos.

Había una vez un pollito que respiraba por la cola,
se sentó y se murió.


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